No vi a Nemo

Ese día y los días previos fueron terribles en cuanto a preparación se refiere, en ese momento no tomaba suficiente agua, no comía lo adecuado, de hecho mi desayuno unas horas antes del evento fue gallo pinto con bistec encebollado ¡terrible! El estiramiento fatal y así uno tras otro detalle que luego con el tiempo iría corrigiendo.  En el momento como uno no sabe tampoco le afecta lo importante era que yo iba feliz con mis nuevos amigos y que íbamos gozando cada segundo intensamente.
Cuando llegamos a Punta Leona, lugar del evento, poco a poco me fui dando cuenta en lo que me había metido ¡ay mamá! La fila de carros para entrar era enorme, había mucha gente, entramos y llegamos a la playa al punto de salida; el trayecto a nadar estaba marcado con unas boyas anaranjadas, Carlos me dijo: solo siga las boyas, me puse más nerviosa, cada segundo que pasaba sentía que caía pesado, al final cuando ya toca el momento supremo de ir al punto de salida todo tiembla y más cuando se les ocurre hacer cuenta regresiva acompañada de una oración yo ni sabia donde colocarme así fue como sonó la corneta de salida ¡ay mamá y las tres divinas personas!
Entré al agua como todos los demás pero no salí como todos los demás, cada quién sale como mejor pueda con su mejor cara para la foto, en ese momento no existían las redes sociales, se tomaba la foto y ya.
Nadé mis primeros 500 metros bien, por dicha el bistec nunca me molestó, luego llegó algo que todo nadador de aguas abiertas enfrenta, el tumulto de nadadores para dar la vuelta a la boya ¡sálvase el que pueda! yo di la vuelta tan completa que giré 360 grados, cuando me di cuenta me estaba devolviendo y me enteré porque me empecé a topar a la gente de frente, unos cuantos choques y golpes con otros me acomodaron nuevamente a la dirección correcta, así hice los otros 500 y llegué a la segunda boya, acá tocó pelar más el ojo para evitar lo anterior, di bien la vuelta y seguí a la tercera boya, ya me sentía bien cansada, el bistec encebollado se asomaba un poco; me faltaban 1500, una vuelta más, nadé el 2000, acá me sentí mucho mejor, me entró un segundo aire, le puse más ganas para tomar ritmo y así llegué al 2500, vino el cierre ¡ya casi! me decía, cuando uno va llegando a la orilla y se acerca más y más se siente una gran emoción, en ese momento todo el cansancio pasa a segundo plano, seguí con las brazadas hasta lograr completar la distancia, logrando así nadar mis primeras aguas abiertas, tanto me cautivó éste evento que lo seguí repitiendo por 10 años seguidos.  ¡Ah! y contrario a lo que muchos temen no se ven animales ni peces, así que no vi a Nemo.
Antes del 1500 4
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